El portaaviones USS Abraham Lincoln de la Marina de Estados Unidos ha llegado a Tailandia para una escala anunciada y muy necesaria tras permanecer 286 días casi continuos en el mar, en gran parte dedicados a operaciones de combate contra Irán dentro de la Operación Furia Épica.
Durante este tiempo, el buque sufrió un uso intenso y dependió en ocasiones de sistemas de reabastecimiento marítimo en mal estado para continuar operando. Esto se refleja en su estado actual, mostrando un evidente deterioro físico con manchas de óxido, algas incrustadas a lo largo del casco y bordes de la cubierta de vuelo, lo que es sorprendente para una nave de su categoría y relevancia estratégica.
El USS Lincoln arribó temprano al puerto tailandés de Laem Chabang, donde permanecerá hasta el fin de semana. Esta parada ofrece una merecida oportunidad para que los marineros y marines descansen y se recuperen, además de consolidar la alianza entre Estados Unidos y Tailandia, según declaraciones de Robert E. Loughran, comandante del Grupo de Ataque de Portaaviones 3 (CSG-3).
El portaaviones y su grupo zarpó de San Diego en noviembre de 2025, inicialmente para un crucero por el Pacífico, pero luego fue enviado a Oriente Medio en enero de 2026. Participó activamente en los ataques iniciales contra Irán el 28 de febrero y mantuvo apoyo operativo en la región los meses siguientes. Recientemente se decidió su retirada debido a problemas graves de moral y salud mental en la tripulación.
Junto con el Lincoln, el destructor USS Frank E. Petersen Jr. también llegó a Tailandia, mientras que otros escoltas del grupo continúan operando en el Océano Índico. El crucero USS Robert Smalls efectuó una parada en Map Ta Phut, Tailandia, en visita programada.
Las imágenes del USS Lincoln en Laem Chabang evidencian desgaste intenso, como manchas oscuras de óxido por todo el casco y un anillo verde de algas cerca de la línea de flotación. Estos signos reflejan las dificultades de mantener la apariencia durante despliegues prolongados y sostenidos en alta intensidad operacional, especialmente cuando se priorizan las tareas de combate sobre el mantenimiento estético.
Este deterioro ha sido objeto de críticas y debates en años recientes por la Marina de Estados Unidos, vinculándose al impacto sobre la imagen y la moral. Casos similares han generado comentarios fuertes de altos cargos y del expresidente Donald Trump, destacando la necesidad de mejorar el mantenimiento y las condiciones de las naves.
Los problemas del USS Abraham Lincoln no solo reflejan el desgaste físico, sino también desafíos continuos en el ámbito naval como la gestión de personal, mantenimiento, construcción y preparación de las flotas. Extensos despliegues como el de este portaaviones y el del USS Gerald R. Ford (326 días en su último despliegue) evidencian una crisis en la rotación y disponibilidad de estas unidades.
La prolongación de misiones marítimas impacta también en los ciclos rutinarios de mantenimiento y modernización, lo que podría afectar la capacidad operativa a largo plazo y generar problemáticas en la salud física y mental de las tripulaciones.